Comprar Vino

En Internet se pueden comprar prácticamente todos los vinos del mundo, desde los más exquisitos hasta los más comunes, de todas las variedades y precios, y con las mismas garantías que ofrecen las tiendas físicas. Sólo es necesario saber identificar los vendedores de confianza y disponer de toda la información necesaria sobre la forma de pago.

Internet es un medio especialmente interesante para el amante del vino. Sin tener que desplazarse, uno puede encontrar información completa y actualizada de miles de caldos, y contrastar las valoraciones y catas de especialistas y aficionados.

Ante tal oferta, es necesario tener claro qué tipo de compra queremos hacer; es decir, la estrategia de compra. ¿Es un vino para regalar? ¿Estoy proyectando mi bodega particular? ¿Quiero ampliar mi universo sensorial? ¿Es una inversión?

A continuación le ofrecemos algunos consejos para intentar ayudarle en la apasionante experiencia que es comprar vino, tanto a la hora de seleccionar las botellas como la tienda. Y si le queda alguna duda, contacte con nuestro departamento de Atención al Cliente; le ayudaremos encantados.

Consejos para la selección de vinos

1. Seguir nuestros gustos personales

A quien tiene que gustar el vino es a uno mismo. Por lo tanto, es recomendable seguir el criterio de nuestro gusto y comprar vinos de las variedades de uva, tipo y tiempo de crianza, características sensoriales, zona de elaboración e incluso marca que más nos agradan a nosotros.

Una estrategia acertada es comprar botellas de aquellas bodegas cuyos vinos nos suelen gustar siempre. También, es importante tomar nota de nuevos vinos que hayamos catado en restaurantes, o en casa de amigos o familiares, y que nos hayan gustado; y fijarse en las valoraciones y notas de cata de fuentes fiables, como las guías especializadas (The Wine Advocate de Robert Parker, Guía Peñín, Wine Spectator, Decanter, Stephen Tanzer’s Wine Cellar, René Gabriel…), publicaciones, webs, etc.

Esto no implica estancarse y perderse los matices y placeres de otros vinos, aún desconocidos para nosotros. Poco a poco iremos evolucionamos y, sin darnos cuenta, nos encontraremos variando y ampliando nuestra selección. Todo es cuestión de empezar, poco a poco.

 

2. Probar, probar y probar

Probar el máximo número de vinos es muy recomendable para educarnos y enriquecernos sensorialmente, pero también lo es para saber qué vinos debemos realmente comprar.

Para probar un vino, podemos aprovechar cuando acudimos a un restaurante; especialmente aquellos que dispongan de una bodega interesante y que sirvan el vino correctamente, algo que normalmente sólo ocurre cuando el establecimiento cuenta con un sumiller.

Otra manera de probar el vino es acudir a catas organizadas o incluso acercarse a las propias bodegas. Así pues, si pensamos ir de viaje a una zona de producción es interesante planificar una visita a las bodegas del lugar para probar in situ sus distintos productos.

Por último, siempre podemos empezar comprando una o dos unidades solamente, o apuntarnos a un club de vinos, que nos enviará una selección mensual. Estas selecciones, cuando han sido realizadas por sumilleres de nivel, ponen a nuestro alcance vinos de una gran relación calidad precio, originales y que nos ayudarán a aprender.

3. Buscar vinos que mariden con nuestras comidas favoritas

El vino acostumbra a tomarse como acompañamiento de un plato. Es decir, que su función principal es ayudar y complementar una comida. El objetivo del maridaje es que plato y vino ganen al combinarse, y evitar que uno prime sobre el otro.

Así pues, lo mejor es tomar buena nota de todos nuestros platos favoritos (carnes, pescados, salsas, postres, embutidos, etc.) y la frecuencia con la que los tomamos, para poder dibujar el perfil de los vinos adecuados.

El maridaje es un arte, pero sus fundamentos no son complejos. Sólo hay que combinar hábilmente la corpulencia y la complejidad del vino para no errar en nuestra selección.

La corpulencia del vino tiene que ser similar a la del plato. Así, por ejemplo, carnes de caza, carnes asadas, pescados con salsas potentes y quesos curados prefieren vinos de aromas amplios, envolventes y con cierta tanicidad en boca, y de final largo. Estos vinos son, por lo general, tintos con una larga estancia en barrica, crianzas y reservas.

En cuanto a la complejidad, hay que procurar que sea complementaria a la del plato. Platos simples, con aromas y sabores muy concretos, son mejor acompañados por vinos ricos en matices sensoriales: vinos ricos en aromas frutales, con notas especiadas y tostadas, aromas balsámicos, minerales… El maridaje de los platos complejos, en cambio, lo haríamos con vinos más fáciles de entender, vinos más directos, con un aroma y sabor concreto predominante.

Otras estrategias son la complementación y el contraste de sabores y aromas. En el primer caso se trata de juntar vinos y alimentos con sabores similares, de manera que se refuerce la gama de ambos sabores. Por ejemplo, un plato suave como las tartas de fruta intensifica el sabor de un vino suave y dulce. En el segundo caso se intenta resaltar uno de los dos o enfrentarlos, si es que ambos tienen mucho carácter, seleccionando un vino con un sabor e intensidad muy diferente a la del plato. Los mejores ejemplos los encontramos en los quesos potentes, como el roquefort o el manchego curado, que necesitan vinos de gran robustez como el Sauternes (Burdeos) u otros vinos dulces concentrados, o de crianzas o reservas de Ribera del Duero, por ejemplo, respectivamente.

4. Diversificar la bodega para minimizar riesgos

Es posible que alguno de los vinos de nuestra bodega no envejezca como era de esperar, ya sea por las características del propio vino, por deficiencias en el tapón o simplemente porque no ha sido conservado en las condiciones idóneas.

El riesgo es mínimo en los vinos de gran calidad, pero por desgracia éstos acostumbran a ser una pequeña parte de nuestra inversión. Es aconsejable, pues, comprar vinos de diferentes bodegas, zonas de producción, añadas y variedades de uva, siempre que no nos saltemos los consejos anteriores. Como es lógico, al principio nos será difícil diversificar la bodega, pero conforme nos vayamos adentrando en el mundo del vino nuestros gustos irán evolucionando y ampliándose, y al final nos resultará tan fácil como divertido.